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Liderar con intuición: una mirada honesta al emprendimiento en bienestar.

Entrevista a Laura Carrillo, SPApreneur destacada del mes.


¿Cómo comenzó tu camino en el mundo del SPA y qué te motivó a emprender en este sector?


Mi camino en el mundo SPA comenzó de una forma muy inesperada. Yo venía de una familia donde el estudio era una prioridad absoluta, especialmente para mi mamá, quien siempre me decía que debía tener una carrera “para valerme por mí misma en la vida”. Siguiendo esa idea, estudié durante dos años Ciencias de la Comunicación en Guadalajara, convencida de que quería ser conductora de televisión.

Con el tiempo me di cuenta de que, aunque me gustaba comunicarme y hablar con las personas, la carrera no me llenaba por completo. Tomé la decisión de salirme, lo cual fue un golpe fuerte para mi mamá. Como consecuencia, regresé a Ameca, mi ciudad natal,  mi mamá me pidió que  entrará a trabajar y que retomara una carrera universitaria, esta vez en una institución pública.

Mientras trabajaba vendiendo zapatos, me encontré por casualidad con un flyer de cosmetología y masajes.  Recuerdo que ese día algo dentro de mí se activó. No lo entendía del todo en ese momento, pero sentí una conexión muy profunda. Aunque mi mamá se oponía completamente a que yo estudiará eso —en aquel entonces el mundo de la estética no tenía el reconocimiento que tiene hoy—, busqué apoyo en mi hermano, quien decidió ayudarme.

El primer día que entré a la escuela de cosmetología sentí una paz que nunca había experimentado en un aula. Aromaterapia, música relajante, una energía distinta. Supe que ese era mi lugar. Recuerdo claramente una de mis primeras prácticas: sin explicación previa, tuve que dar un masaje por primera vez. Algo se soltó en mí. Mis manos fluyeron. Mi directora se acercó, me observó y me dijo: “Tú tienes algo en las manos, tienes ese don”.

A partir de ahí, todo cobró sentido. Mientras estudiaba cosmetología, también cursé la licenciatura en Trabajo Social en Ameca. Al no existir SPAS en mi ciudad, emprendí sola, dando masajes a domicilio con una camilla prestada. Así comenzó todo: con pasión, intuición y la certeza de que estaba en el camino correcto.



¿Cuál ha sido el reto más grande que has enfrentado como emprendedora y cómo lograste superarlo?


Uno de los retos más grandes fue dejar de verme únicamente como terapeuta para convertirme en empresaria. Yo creía que siempre estaría en cabina, porque es mi pasión y mi refugio. Sin embargo, el crecimiento del negocio me llevó a tomar decisiones para las que no estaba preparada emocional ni estratégicamente.

En un momento de mucho dolor personal, tras la pérdida repentina de mi mamá, decidí emprender “en grande”. Sin estrategia, sin una base sólida de clientes y sin experiencia financiera, pedí un préstamo bancario de medio millón de pesos para abrir un SPA completamente equipado. Tenía veintitantos años y muchas ganas, pero poca estructura.

Abrí un local grande, compré aparatología sin el conocimiento suficiente y asumí gastos fijos muy altos. A los pocos meses, el negocio colapsó. Fue una sacudida durísima, pero necesaria. Entendí que emprender no es solo invertir dinero, sino construir con estrategia, paciencia y visión.

La solución fue volver a lo esencial: mudé el negocio a casa de mi hermana para reducir gastos, me capacité constantemente y comencé a pensar en números, objetivos y estrategias reales. Aprendí a innovar de forma inteligente, a invertir en equipos de calidad y a construir un crecimiento sostenible. Ese error fue, sin duda, uno de mis mayores aprendizajes.



¿Qué prácticas o estrategias han sido clave para atraer y fidelizar a tus clientes?


Las alianzas fueron fundamentales: colaborar con nutriólogas, estéticas, gimnasios y otros negocios afines me permitió darme a conocer. Sin embargo, atraer clientes es solo una parte; fidelizarlos requiere algo mucho más profundo.

Para mí, la clave está en la experiencia. Desde un vaso de agua, una bienvenida genuina, un ambiente cuidado, hasta un detalle extra que la clienta no espera: un masaje adicional, una vela encendida, una atención que no se siente forzada. Todo eso construye vínculo.

Muchas veces regalé servicios, sabiendo que quizá perdía dinero en ese momento, pero ganaba confianza. Y esa confianza regresaba multiplicada en recomendaciones. La fidelización vino de entregar algo muy mío: mi esencia, mis valores, mi honestidad y el amor por lo que hago.



¿Qué significa para ti el bienestar y cómo lo integras en tu vida y en tu negocio?


Para mí, el bienestar nace del equilibrio. Vivimos en un mundo acelerado, donde muchas mujeres cumplen múltiples roles: madre, emprendedora, trabajadora, pareja. Cuando mente, cuerpo y corazón no están alineados, es difícil avanzar.

En Urban SPA no prometo resolver todas las áreas de la vida de una persona, pero sí ofrecer un espacio de pausa, de claridad y de paz. Un momento que permita reconectar y continuar el día a día con mayor calma. El bienestar puede ser emocional, físico, financiero; cada persona lo vive distinto. Nuestro objetivo es aportar un momento que sume y acompañe.



¿Qué consejo le darías a otras emprendedoras que están pensando en abrir su propia Cabina o SPA?


No corran. No se aceleren. Empiecen con lo básico y con claridad. Pregúntense primero: ¿a dónde quiero llegar? No todas quieren un SPA grande; algunas desean una agenda llena en cabina, y ambas visiones son válidas.

Inviertan en un buen equipo de calidad, aunque sea uno solo. No compren todo al inicio. Con productos básicos, conocimiento, manos capacitadas y una experiencia bien diseñada se puede construir mucho. El crecimiento debe ser paulatino y consciente.

La competencia no está afuera; está en una misma. Avancen a su ritmo, con estrategia y con una visión clara.



¿Qué es lo más valioso que has aprendido siendo una emprendedora SPA?


Lo más valioso ha sido el tiempo. Hoy, después de años de trabajo, puedo decir que soy dueña de mi tiempo en gran medida. Me dedico a algo que amo y, si mañana decido volver a cabina, lo haré con gusto.

También valoro profundamente los lazos que se generan. Saber que fui parte del proceso de una persona, que ayudé a mejorar su autoestima o su bienestar, es algo que no tiene precio. Empoderar a alguien a través de mi trabajo me llena y le da sentido a todo lo que hago.




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