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Ser mamá y empresaria:

“Aunque tengas miedo, aviéntate… porque en el camino te conviertes en quién estás destinada a ser.”


Sara Vega

Cosmetóloga y Cosmiatra 


Hay mujeres que emprenden… y hay mujeres que se transforman en el proceso.

Esta es la historia de una emprendedora que encontró en el mundo del SPA no solo una profesión, sino un propósito. Hoy, en una nueva etapa de vida —con la maternidad tocando a su puerta—, su visión evoluciona junto con ella.


¿Cómo comenzó tu camino en el mundo del SPA?

Desde muy pequeña sentí una conexión con el cuidado personal. Recuerdo mucho a mi abuela con sus cremas, sus tónicos, su forma de cuidarse… y creo que desde ahí nació todo. A los 12 años ya hacía mis propias mascarillas y me interesaba por el cuidado de la piel. Siempre fui muy curiosa, me gustaba investigar, leer ingredientes y entender cómo funcionaban las cosas.


Aunque al inicio no pude estudiar formalmente por temas económicos, nunca dejé de aprender. Con el tiempo, mis amigas empezaron a buscarme para pedir recomendaciones, y sin darme cuenta, ya estaba en este camino.

Fue hasta los 25 años que decidí apostarle completamente: estudié cosmetología, después cosmiatría, y empecé a trabajar en el área. Ahí entendí que esto no era solo un gusto… era lo que quería hacer con mi vida.


¿En qué momento decides emprender?

La oportunidad llegó junto con mi hermana, cuando se nos presentó la posibilidad de tomar un SPA.

Yo tenía miedo, muchas dudas… pero mi hermana siempre ha sido muy aventada. Y me dijo: “Si no lo haces tú, lo hago yo”.

Y ahí fue cuando decidí aventarme. Sin tener todo seguro, sin sentirme completamente lista… pero con muchas ganas.


¿Qué papel ha jugado tu familia en este camino?

Mi hermana fue clave. En su momento fue difícil, porque me sacó muchísimo de mi zona de confort. Hubo momentos en los que sufrí, dudé, incluso me sentía rebasada… pero hoy lo veo con mucha gratitud. Ella me empujó a desarrollar una parte de mí que yo no conocía: la capacidad de emprender, de arriesgarme, de no quedarme en lo seguro.


¿Cuál ha sido el reto más grande en tu camino como emprendedora?

Han sido varios. Desde trabajar muchísimo sin ver ganancias, hasta sostener el negocio en momentos complicados como la pandemia. También tomar decisiones difíciles, como separarme de la sociedad en la que estaba y continuar sola.

Hubo etapas en las que todo era pagar y pagar… y yo no veía realmente una ganancia para mí. Pero creo que lo que más me sostuvo fue la constancia. Aun cuando sentía que ya no podía más, seguía. Y eso me enseñó que, si no te rindes, de alguna manera las cosas terminan acomodándose.


 ¿Qué papel ha jugado el miedo en tus decisiones?

Siempre ha estado. Soy una persona muy analítica, me cuesta tomar decisiones rápido. Pienso mucho las cosas, dudo…

Pero también aprendí que si esperas a no tener miedo, nunca haces nada. Muchas de las decisiones más importantes de mi vida las tomé con miedo… pero las tomé.

Y al final, eso es lo que te hace crecer.


¿En qué momento te reconoces como empresaria?

Cuando me quedé sola con el negocio. Ahí ya no había opción. Tenía que sostenerlo, tomar decisiones, resolver… Yo siempre digo que antes era muy buena empleada, pero no necesariamente emprendedora. Eso lo fui desarrollando con el tiempo.

Hoy entiendo que ser empresaria no es algo con lo que naces necesariamente… es algo que construyes.


 

¿Cómo ha evolucionado tu SPA desde que comenzaste hasta hoy?


Muchísimo. Al inicio tenía un enfoque más clínico, más técnico: desintoxicación, aparatología, resultados. Con el tiempo entendí que las personas no solo buscan resultados… buscan sentirse bien. Hoy mi enfoque es mucho más integral: personalización, experiencia, conexión. Que cada clienta tenga su momento, su espacio, su pausa. Ya no es solo un servicio… es un lugar donde pueden volver a ellas mismas.


¿Qué cambios viste en tus clientas después de la pandemia?

Cambió mucho el comportamiento. Antes había más compromiso con tratamientos completos, ahora buscan cosas más puntuales, más inmediatas. También valoran mucho más la confianza y la cercanía. Y algo muy importante: hoy buscan sentirse bien, no solo verse bien.



¿Cómo lograste soltar el control y confiar en tu equipo?

Fue un proceso emocional fuerte. Cuando llegó una colaboradora clave, pude empezar a soltar a mis clientas. Era algo que yo quería… pero cuando pasó, también me movió mucho. Porque una parte de ti dice: “ya no me necesitan igual”.

Pero entendí que eso no es pérdida… es crecimiento. Lograr que tu equipo sostenga la experiencia habla de que tu negocio está evolucionando.


¿Qué estrategias han sido clave para atraer y fidelizar a tus clientas?


La atención al cliente lo es todo. Puedes ser muy buena técnicamente, pero si no haces sentir bien a la persona, no regresa. También la recomendación boca a boca ha sido clave para mí. Y hoy, la personalización: escuchar a cada clienta, entender qué necesita, qué le gusta, y crear una experiencia a su medida.



¿Qué significa para ti el bienestar hoy?

Es equilibrio. Antes lo veía más desde lo técnico, pero hoy lo entiendo como algo integral: cuerpo, mente y emoción. En mi negocio lo aplico creando espacios donde la persona realmente pueda desconectarse y sentirse cuidada.

Y en mi vida, el emprendimiento también me dio bienestar… me dio propósito.



Hoy estás en una nueva etapa: la maternidad. ¿Cómo vives este momento como empresaria? Estoy en un momento de transición. Sé que vienen cambios importantes, que mis tiempos van a cambiar, que mis prioridades también… Pero no lo veo como un límite, lo veo como una evolución. Quiero seguir creciendo, solo desde una nueva versión de mí. Y también quiero demostrar que sí se puede: ser mamá y seguir construyendo un negocio.



 ¿Qué consejo le darías a otras mujeres que quieren emprender en el mundo del SPA?


Que se avienten. Nunca vas a tener todo perfecto para empezar.

Sean constantes, disciplinadas, aunque no tengan clientes al inicio.

Nunca dejen de capacitarse y enfoquen mucho en el servicio al cliente, eso hace toda la diferencia.


¿Qué es lo más valioso que te ha dejado este camino?

Descubrir que soy capaz. Ser emprendedora me hizo más fuerte, más independiente, más segura. También me dio un propósito. Hubo una etapa en mi vida donde me sentía perdida… y esto me dio dirección. Y algo muy bonito: me ha permitido conectar con personas increíbles y apoyar a otras mujeres.


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