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El masaje: El lenguaje silencioso del AMOR

Por Michelle Leaño, Terapeuta SPA



Dar un masaje no es solo una técnica: es un acto de amor consciente. Es tocar desde la presencia, compartir desde el corazón y abrir un espacio sagrado donde todo se aquieta. Un aquí y ahora perfecto, donde el tiempo se diluye y cuerpo, mente y espíritu vuelven a alinearse con lo divino.


Para mí, lo divino habita en los cuatro elementos: aire, fuego, tierra y agua. En ellos se manifiesta el regalo más grande que Dios nos dio: la naturaleza y su equilibrio. A través del masaje, busco reconectarte con esa esencia, regalarte paz mental, calma al corazón y el permiso de simplemente ser. Entrar en una burbuja de presencia, silencio y magia… una energía viva que fluye, se recibe y regresa también a quien tiene el honor de ofrecerla.


Recibir un masaje es —o debería ser— un acto profundo de escucha interior. Es preguntarte con honestidad: ¿cómo estoy?, ¿qué siento?, ¿qué necesita hoy mi cuerpo? Así como llevas tu automóvil a revisión antes de un viaje, tu cuerpo es tu primer vehículo en esta vida: El templo que Dios te confió para experimentar, sentir y amar.


El masaje es un regalo al alma, una pausa consciente en medio del ruido, un recordatorio amoroso de que tu cuerpo merece cuidado, atención y gratitud. Es, en su forma más pura, una expresión genuina de amor hacia ti.


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