Análisis facial en Seúl
Actualizado: 14 oct
Por: Adriana Chiñas
Exploramos de cerca la tecnología del K-Beauty

Una de las cosas que más me han impresionado de Seúl es la facilidad con la que puedes pasar de un lugar con siglos de historia a otro que parece sacado del futuro. En una misma mañana puedes caminar entre los patios de un antiguo palacio de la dinastía Joseon y, unas estaciones de metro después, encontrarte rodeada de pantallas, arquitectura futurista y tecnologías que difícilmente encuentras en otros países.
Después de recorrer el Palacio Gyeongbokgung, uno de los lugares más emblemáticos de Seúl, decidí dedicar el resto del día a conocer la parte más moderna de la ciudad. Durante estos días se celebran actividades relacionadas con el diseño en Seúl, así que me dirigí a Dongdaemun Design Plaza (DDP), un impresionante complejo cultural cuya arquitectura, diseñada por Zaha Hadid, parece una enorme estructura metálica llegada del futuro.
Mientras recorría sus instalaciones, me encontré con B the B, un espacio dedicado a la industria de la belleza que reúne marcas de cosmética, dispositivos tecnológicos y experiencias interactivas. Por supuesto, tenía que entrar.
Lo primero que llamó mi atención fue la cantidad de productos exhibidos y las estaciones donde cualquier visitante podía experimentar con tecnologías de análisis facial, diagnóstico capilar, maquillaje y fragancias personalizadas. Todo estaba diseñado para que pudieras interactuar directamente con los dispositivos, conocer sus funciones y descubrir diferentes marcas coreanas.

Una de las experiencias que más disfruté fue realizarme un análisis facial mediante un sistema de inteligencia artificial. El procedimiento comenzó con una fotografía frontal de mi rostro, que el dispositivo utilizó para identificar las diferentes regiones faciales. Después, continué con un escáner que debía colocar directamente sobre distintas zonas de mi piel, como la frente, las mejillas y la nariz, para obtener imágenes más detalladas de su superficie.

También tuve que proporcionar algunos datos personales, como mi edad, sexo, tonalidad de piel y principales preocupaciones cutáneas. Entre las opciones podía seleccionar arrugas, ojeras, poros dilatados, acné, resequedad, sensibilidad y exceso de sebo.
Una vez terminado el proceso, apareció en pantalla un reporte bastante detallado de mi piel. Podía ver fotografías de mi rostro con indicadores sobre las zonas analizadas, gráficas, porcentajes y comparaciones con los valores promedio de personas de mi mismo grupo de edad.
Por ejemplo, el sistema evaluó la presencia de acné, ojeras y signos asociados con el fotoenvejecimiento. Cada categoría tenía su propia sección, donde podía consultar las imágenes, observar las áreas identificadas y revisar una clasificación de mis resultados.

Me pareció especialmente interesante la manera en que la plataforma presentaba toda esta información. Podía explorar las imágenes desde diferentes ángulos y consultar cada indicador individualmente. Aunque este tipo de herramientas ofrece evaluaciones cosméticas orientativas, resulta sorprendente la cantidad de información que puede organizarse a partir de fotografías y capturas de la superficie de la piel.
Pero la experiencia todavía tenía otra parte. Después de analizar mi rostro, el sistema generó recomendaciones de productos cosméticos de acuerdo con los resultados obtenidos.
En la pantalla aparecieron limpiadores, exfoliantes, tónicos, esencias, sérums y mascarillas de diferentes marcas, cada uno acompañado de un porcentaje de compatibilidad con mi piel. Entre los productos recomendados encontré opciones de ERIGERON, ISOV y SIORÉ. Incluso podía explorar las distintas categorías y comparar los porcentajes asignados a cada producto.
Me pareció una forma muy interesante de conectar el análisis facial con la selección de cosméticos, especialmente porque los productos estaban disponibles dentro del mismo espacio de exhibición. Así podía conocer marcas que probablemente no habría descubierto por mi cuenta y explorar opciones relacionadas con las características que el sistema había identificado en mi piel.
Mientras continuaba recorriendo B the B, encontré otras tecnologías igual de interesantes. Una de ellas fue Becon, un dispositivo especializado en el análisis del cuero cabelludo que utiliza un escáner e inteligencia artificial para evaluar sus condiciones y proporcionar información relacionada con el cuidado capilar y la pérdida de cabello.
También había una estación de colorimetría personal llamada MaBEAU, donde la inteligencia artificial analiza características de la apariencia para sugerir tonalidades relacionadas con el maquillaje y la imagen personal. Además, encontré una experiencia de fragancias desarrollada por deepscent, en la que podía combinar cuatro aromas y ajustar diferentes parámetros desde una pantalla para crear una composición personalizada según mis preferencias y estado de ánimo.
Entre una estación y otra también había exhibidores de skincare, maquillaje y otros productos de belleza, acompañados de información sobre las marcas y sus formulaciones. Me gustó que el recorrido permitiera conocer tanto los productos como las tecnologías que pueden utilizarse para recomendar su aplicación.
Algo que me llamó particularmente la atención fue la facilidad con la que estas herramientas estaban disponibles para los visitantes. Podía acercarme a una estación, seguir las instrucciones en pantalla y obtener una evaluación personalizada en cuestión de minutos. Además, varias experiencias estaban disponibles en inglés, lo que facilitaba mucho el recorrido para quienes visitamos Corea del Sur.
Como alguien que trabaja en la industria de la belleza y el bienestar, fue especialmente interesante observar estas tecnologías desde una perspectiva profesional. Durante el análisis facial pensaba en las posibilidades de utilizar herramientas similares dentro de una cabina estética, tanto para documentar las condiciones iniciales de la piel como para realizar seguimientos y explicar visualmente ciertos indicadores a los clientes.
Y mientras caminaba nuevamente por Dongdaemun Design Plaza, pensé en lo curioso que había sido mi día. Por la mañana estaba recorriendo los espacios donde vivieron los reyes de la dinastía Joseon y, unas horas después, estaba frente a una pantalla que analizaba mi piel con inteligencia artificial.
Quizá eso es lo que más me está gustando de Seúl: la posibilidad de descubrir, en un mismo día, siglos de historia y algunas de las tecnologías que están dando forma al presente de la industria cosmética.





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